China puso en marcha una gigantesca planta de energía solar en el desierto del Gobi, capaz de producir electricidad incluso durante la noche. La instalación combina 900 megavatios (MW) de energía fotovoltaica con una planta termosolar de 100 MW, y utiliza sales fundidas para almacenar el calor sin recurrir a baterías de litio. El proyecto representa un avance significativo en la búsqueda de fuentes renovables capaces de operar de forma continua.
El almacenamiento de energía es uno de los principales desafíos de la transición energética mundial, ya que la generación solar tradicional solo funciona durante las horas de luz. La tecnología termosolar con sales fundidas permite conservar el calor y convertirlo en electricidad cuando cae la noche, lo que mejora la estabilidad de la red. China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, busca con estos proyectos reducir su dependencia del carbón.
La planta del Gobi se suma a una serie de megaproyectos renovables que el país asiático ha desarrollado en los últimos años, con inversiones multimillonarias en energía eólica, solar e hidroeléctrica. Según datos del sector, China instaló en un solo año más capacidad solar que el resto del mundo en conjunto. La combinación de fotovoltaica y termosolar en un mismo complejo permite maximizar el uso del terreno y diversificar la producción.
El impacto de este tipo de instalaciones trasciende las fronteras chinas, pues abarata los costos de las tecnologías renovables a nivel global. Para países en desarrollo como Ecuador, que buscan diversificar su matriz energética, estos avances ofrecen alternativas viables para zonas con alta radiación solar. Los expertos anticipan que el almacenamiento térmico seguirá ganando terreno frente a las baterías en proyectos de gran escala.