Un hombre disfrazado de repartidor de comida asesinó a tiros a una persona dentro de un local de repuestos para motocicletas en Guayaquil, en un ataque captado por cámaras de seguridad a plena luz del día. Según los reportes, el sicario huyó del lugar tras cometer el crimen, mientras los testigos alertaron de inmediato a las autoridades. El hecho ocurrió esta semana y se difundió rápidamente a través de redes sociales y medios nacionales.

El episodio refleja la persistente crisis de seguridad que enfrenta el Ecuador, donde el uso de disfraces y uniformes falsos para cometer delitos se ha convertido en una modalidad recurrente. Desde 2024, el Gobierno nacional declaró una "guerra" interna contra las bandas criminales, en un intento por frenar la violencia que ha convertido al país en uno de los más afectados de la región por homicidios y extorsión.

Las imágenes difundidas muestran al agresor ingresando al establecimiento con aparente normalidad antes de disparar contra su víctima, lo que evidencia el nivel de planificación de este tipo de ataques. Las autoridades investigan el móvil del crimen y no se descarta que esté vinculado a disputas entre grupos delictivos o a casos de extorsión, una práctica que golpea especialmente a comerciantes y transportistas en las principales ciudades del país.

El caso ha reavivado el debate sobre la eficacia de las estrategias de seguridad y sobre la necesidad de reforzar la inteligencia policial y la protección a los pequeños negocios. Mientras las investigaciones avanzan, la ciudadanía exige respuestas concretas frente a una violencia que sigue cobrando vidas y afectando la vida cotidiana de los ecuatorianos.