El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunció este lunes el despliegue de 2.000 militares y 2.000 policías suplementarios en la capital, Quito, como parte de un plan integral para reforzar la seguridad urbana y hacer frente al repunte de la violencia atribuida a grupos criminales organizados. La medida fue comunicada en un mensaje oficial dirigido a la ciudadanía y representa uno de los operativos de seguridad más amplios ejecutados en la capital ecuatoriana en los últimos años.

La decisión llega en un contexto de escalada de la criminalidad en varias zonas del país, donde las bandas delictivas han intensificado sus actividades de extorsión, sicariato y tráfico de drogas. Quito, tradicionalmente considerada una de las ciudades más seguras del país, ha registrado en los últimos meses un incremento notable de homicidios y delitos violentos, lo que ha generado presión sobre el Ejecutivo para adoptar medidas contundentes.

El plan contempla el refuerzo de patrullajes en los sectores más conflictivos de la capital, controles de identidad en puntos estratégicos y operativos conjuntos entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Según fuentes oficiales, el objetivo es reducir los índices de criminalidad en al menos un 30% en los próximos meses y recuperar el control territorial en las zonas donde las organizaciones criminales han establecido su operatividad. El gobierno ha señalado que esta es una respuesta directa a la declaratoria de conflicto armado interno vigente en el país.

Analistas consultados consideran que la militarización de Quito podría tener efectos positivos a corto plazo en la percepción de seguridad, aunque advierten que la solución de fondo requiere una estrategia integral que combine prevención social, reforma del sistema penitenciario y fortalecimiento institucional. Se espera que en las próximas semanas el gobierno presente un balance de los resultados del operativo y evalúe la posibilidad de extenderlo a otras ciudades del país.