Un paquete que debía cruzar el Pacífico para regresar a Estados Unidos contenía dos piezas de uno de los aviones más protegidos del arsenal estadounidense: el F-35. Entre los componentes enviados figuraba la cúpula que cubre parte de los sistemas sensibles del caza, según reveló una investigación periodística. El material habría terminado en manos de China, lo que encendió las alarmas de seguridad nacional en Washington.
El F-35 es el programa de defensa más costoso de la historia y concentra tecnología de sigilo, sensores y sistemas de comunicación considerados estratégicos. Cualquier filtración de sus componentes genera preocupación por posibles ingenierías inversas y por el impacto en la superioridad aérea de Estados Unidos y sus aliados. El caso involucra a la cadena de proveedores globales que fabrica partes del avión en distintos países.
De acuerdo con la información difundida, el envío debía retornar a territorio estadounidense, pero su destino final derivó hacia China, lo que sugiere fallas en los controles de exportación y en la trazabilidad de componentes militares. Las autoridades no han detallado aún cómo ocurrió el desvío ni qué medidas se adoptaron. El episodio se produce en un contexto de creciente tensión tecnológica y comercial entre ambas potencias.
El caso podría derivar en auditorías a los contratistas y en un endurecimiento de las normas de exportación de tecnología sensible. Legisladores estadounidenses ya anticiparon que pedirán explicaciones al Pentágono y a las empresas involucradas. El impacto se extiende a los aliados que operan el F-35, que observan con atención las consecuencias del incidente.