El suicidio continúa siendo un problema de salud pública que permanece oculto detrás del silencio, el estigma y la dificultad para hablar del malestar emocional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, una cifra que supera a muchas causas de muerte violenta y que exige respuestas integrales. Especialistas insisten en que la conversación y el acompañamiento son herramientas clave de prevención.

En Ecuador, como en el resto de la región, la salud mental enfrenta brechas de atención, falta de profesionales y barreras culturales que dificultan pedir ayuda. La pandemia de COVID-19 agravó los cuadros de ansiedad y depresión, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Las campañas de sensibilización buscan derribar el tabú y promover que las personas encuentren espacios seguros para expresar lo que sienten.

Los expertos recomiendan prestar atención a señales como el aislamiento, los cambios bruscos de conducta, la desesperanza y las expresiones de despedida. Escuchar sin juzgar, preguntar de forma directa y acompañar a quien atraviesa una crisis pueden marcar la diferencia, señalan los especialistas, que también subrayan la importancia de derivar los casos a servicios profesionales. Las líneas de ayuda y los equipos de salud mental cumplen un rol fundamental en la respuesta inmediata.

Las autoridades sanitarias y las organizaciones sociales coinciden en que la prevención requiere políticas públicas sostenidas, formación de docentes y personal de salud, y mayor inversión en atención comunitaria. La fecha conmemorativa de prevención del suicidio busca recordar que el acompañamiento salva vidas. Hablar del tema con responsabilidad, sin sensacionalismo, es parte del compromiso periodístico y social.