La psicóloga Mercè Conangla advirtió sobre los peligros de confiar todas nuestras dudas y delegar las decisiones en una máquina, en plena era de expansión de la inteligencia artificial. "En vez de medir los pasos deberíamos contar a cuántas personas hemos sonreído o ayudado", reflexionó la especialista. Su planteamiento pone el foco en el riesgo de perder la dimensión humana frente a la automatización.

El avance de la inteligencia artificial ha transformado la manera en que las personas toman decisiones cotidianas, desde qué comprar hasta cómo orientar una carrera profesional. Los sistemas de recomendación y los asistentes virtuales influyen cada vez más en las elecciones individuales, a menudo sin que el usuario lo perciba. Especialistas en salud mental advierten sobre la dependencia tecnológica y sus efectos en la autonomía personal.

En Ecuador, la adopción de herramientas de inteligencia artificial crece en sectores como la educación, la banca y el comercio, aunque persisten brechas de acceso y de alfabetización digital. La reflexión de Conangla resuena en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que los marcos éticos que deberían regularla. Organismos internacionales insisten en la necesidad de desarrollar pensamiento crítico y competencias digitales desde la infancia.

El debate sobre los límites de la inteligencia artificial y su impacto en la humanidad continuará en foros académicos, empresas y gobiernos. La clave, según los expertos, está en usar la tecnología como herramienta y no como sustituto del juicio humano. Preservar la empatía y las relaciones interpersonales será fundamental para una sociedad tecnológicamente avanzada pero humanamente conectada.